«Si tu columna es flexible, eres jóven»

Ya lo decía Joseph Pilates, una columna móvil es indicadora de salud. Por eso, él equiparaba esta cualidad con la juventud, independientemente de la edad de la persona.

Es bien sabido que el deporte y el ejercicio están relacionados con la salud, aunque no siempre son un indicador de ésta. El término salud, según la OMS es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades. Aunque en mi opinión no se puede desligar las condiciones físico, mental y social, ya que son interdependientes. Para llegar a esta condición, es imprescindible que se den varios factores juntos, y no sólo uno de ellos de manera aislada: una buena alimentación, el equilibrio entre las horas dedicadas al trabajo y las horas dedicadas a la recreación, las relaciones sociales, dormir adecuadamente, equilibrar el estado mental y físico, etc. Vamos a centrarnos en el cuerpo, como el lugar sobre el que trabajamos desde el campo del ejercicio y desde el cual también accedemos al estado mental. Se pueden considerar, a grandes rasgos, dos formas de realizar actividad física: el ejercicio y las actividades recreativas (entre las que se incluyen los diferentes deportes). Ambas formas tienen una relación directa con la salud, aunque dependiendo del modo en que son realizadas no siempre tienen que conllevar el estado de salud ideal. Podemos leer este artículo que comenta un estudio español en el que se encuentra una alta correlación entre el ejercicio y la salud realizado con niños con obesidad en Murcia, y cómo mejoran sus parámetros metabólicos sin intervenir en factores alimenticios. (http://www.laverdad.es/murcia/201410/27/experimento-pionero-demuestra-ejercicio-20141026004248-v.html). Encontramos que, además de la relación directa que hay entre el ejercicio y el fortalecimiento del cuerpo, algunas actividades recreativas cumplen con otras características influyentes en conseguir el mejor estado de salud: pueden suponer un lugar de interacción social, pueden ser una manera de relajarse y combatir el estrés; además de fortalecer nuestro cuerpo, también pueden suponer una forma de viajar hacia la mente, de hacer más fina la conexión neuromuscular (las órdenes que viajan desde el cerebro, del sistema nervioso, al músculo) y conseguir hacernos más eficaces y eficientes en nuestros movimientos.

El otro día una alumna me preguntaba: “¿realmente haciendo ejercicio vamos a conseguir evitar dolencias o llegar a envejecer de la mejor manera posible?” Es una pregunta complicada, pero me gustaría plantear mi opinión.

Como ya he comentado anteriormente, el ejercicio y la actividad recreativa pueden relacionarse directamente con la salud. El dolor, a su vez, puede ser un indicativo de alguna afección o enfermedad. Aunque hay procesos dolorosos que son más complejos, y pueden llegar a desligarse de la afectación física que los originó (como suele ser el caso del dolor crónico), vamos a considerar el término de forma sencilla, como un proceso de alerta ante un peligro físico. Fortalecer la musculatura, tener el cuerpo preparado para cualquier actividad de la vida cotidiana, nos va a ayudar a evitar posibles lesiones. Si tenemos nuestras estructuras articulares fuertes, con rangos de movimiento adecuados, aunque puntualmente realicemos un mal gesto o una actividad estática o prolongada, estaremos mucho más preparados para soportar ese estrés y tendremos muchas más probabilidades de no sufrir daños estructurales.

La investigación científica actualmente está tratando de determinar cuáles son los factores que desencadenan el proceso de la vejez. ¿Qué os parece el caso de estas dos mujeres? Probablemente no han dejado de realizar su deporte o actividad, se las ve ágiles y saludables.


Por lo menos vemos que tienen un movimiento bonito y amplio. Pese a su edad, nos las podemos imaginar agachándose sin dificultad o realizando movimientos ágiles en su vida cotidiana. Pero son dos casos determinados, no podemos concretar si tienen una genética privilegiada o si realmente han continuado entrenando y esto ha permitido que mantengan ese movimiento tan ágil. ¡Tampoco sabemos si su salud es la mejor! Como cualquier atleta es posible que tengan o hayan tenido lesiones típicas de gimnastas o bailarines, y tampoco sabemos si estas lesiones han sido más o menos graves debido a la edad.

Lo que sí está claro es que no podemos luchar contra la vejez. Algunos estudios relacionan los hábitos de vida saludables, entre los que se encuentra el ejercicio, con un cambio genético que prevendría el envejecimiento celular. (http://epoca1.valenciaplaza.com/ver/102586/la-vida-saludable-previene-el-envejecimiento-celular.html). A grandes rasgos, lo que parece suceder cuando comienza el envejecimiento celular, y más concretamente muscular, es que las células encargadas de la regeneración de las demás células (células madre) se “adormecen” o se realentizan en la vejez. Se está investigando si en el caso de las células madre encargadas de la regeneración de las células musculares (células satélite) pueden ser “reactivadas” a través del ejercicio. (http://www.elmundo.es/salud/2014/02/13/52fb8e5622601d5d228b457a.html). Lo que sucede es que al llegar a la vejez se expresan un conjunto de genes, entre ellos el p16, un gen supresor tumoral, el cual también se cree encargado de facilitar esa inhibición de las células madre. Las células madre sólo se activan cuando son necesarias, se encuentran en un estado de quiescencia (como si estuvieran dormidas). La expresión del p16 haría que las células madre no se despertaran cuando son necesarias. La hipótesis sugerida para futuras investigaciones es si podríamos neutralizar esta expresión genética o realentizar su proceso con factores ambientales como el realizar ejercicio, previniendo así en cierto grado el envejecimiento muscular.

Así que, en resumidas cuentas, ¡muévete! ¡Haz ejercicio, como manera indispensable de favorecer tu salud! No sabemos al cien por cien que vayas a llegar a la vejez como estas dos mujeres, pero si hay algo que esté en tu mano para mejorar… ¿por qué no hacerlo? Todos los que hemos practicado alguna actividad física alguna vez, ¿estáis de acuerdo en que al realizarla nos sentimos mejor? ¿Se nota la semana que nos saltamos nuestra rutina? No hace falta más evidencia científica, la propia experiencia nos dice que sí, el movimiento y el ejercicio son factores clave para tener un cuerpo y una mente saludables.

¿Cómo puede ayudar el Pilates en la escoliosis?

Escoliosis, en griego skoliosis, viene de la palabra skolio que significa torcido, es un signo de la columna vertebral que se manifiesta en una o más curvaturas de la columna vertebral hacia los lados. Encontramos que 3 de cada 100 personas tienen escoliosis, aunque no siempre significa que presenten un problema.

En curvaturas poco pronunciadas probablemente no encontraremos molestias, pero pueden llegar a suponer grandes problemas y causa de fuertes dolores.

En la mayoría de los casos, en concreto el 80% aproximadamente, no se sabe por qué está provocada, a este tipo la llamaremos escoliosis idiopática. En escoliosis idiopáticas podremos reducir la severidad de la curva, pero nunca eliminarla completamente. El resto de los casos en los que podemos determinar las causas que las producen, diremos que son escoliosis funcionales. Existen multitud de factores que pueden provocar las escoliosis funcionales: factores externos, factores congénitos, genéticos, problemas neuromusculares, longitud desigual de las extremidades inferiores, etc. Entre ellos, las posturas desiguales mantenidas y actividades repetitivas son las causas más comunes. Es en estos casos en los que tendremos mayor probabilidad de éxito a la hora de intervenir a través del movimiento.

¿Cómo reconocerla? Podemos encontrar diferentes síntomas:

  • Forma de C o S en la columna vertebral
  • Hombros a diferente altura
  • Cabeza no centrada
  • Caja torácica prominente en un lado
  • Prominencia costal al flexionar columna (al agacharse)
  • Un costado encogido respecto al otro

Pero, ¿qué es exactamente? Podríamos definirlo como una curvatura de la columna en forma de “C” o “S”. Esto puede llevar a pensar que afecta sólo a un plano (frontal) y sin embargo se trata de un signo tridimensional que afecta a todos los planos en los que ocurre el movimiento, debido a la naturaleza y comportamiento de las vértebras. Es decir, las curvaturas de la columna en la escoliosis suceden cuando uno o más segmentos (dos vértebras consecutivas) están rotadas (hacia un lado) y por lo tanto inclinadas (hacia el lado contrario).

¿Y el Pilates?

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El cuerpo humano está diseñado para moverse, no para permanecer estático como parece que sucede en muchos casos en los que la rutina diaria nos obliga a permanecer en las mismas posiciones de forma prolongada. Por lo tanto es muy recomendable el movimiento, como hemos dicho antes, no tiene por qué suponer un problema si las curvaturas son pequeñas, y si nos hemos estado moviendo siempre de forma eficiente probablemente ya hallamos conseguido paliar el problema. Es por eso que el Pilates en concreto, como método de trabajo, es una muy buena manera de beneficiar a una columna “torcida”. En una columna con escoliosis, no partimos de una posición neutra como tal, por lo tanto habrá zonas de la columna que se estarán moviendo en exceso y otras que estarán más rígidas. El Pilates es un excelente método para asegurarnos de que movemos la columna de forma controlada y distribuida en todos los planos, además de incidir en la elongación para acercarnos a esa columna neutra.

Si además cuentas con un monitor que tenga el suficiente conocimiento de cómo se comporta la escoliosis, el Pilates permite diseñar ejercicios en los que se apliquen los movimientos adecuados en aquellas zonas de la columna que se están moviendo poco, y que restrinjan las que son demasiado móviles.

En definitiva, una columna móvil, con unos rangos normales de movimiento, es una columna sana, tenga o no escoliosis. En muchos casos con ejercicios de Pilates podremos aliviar síntomas escolióticos de causa conocida (funcionales) e incluso reducir la severidad de las curvas, y seguramente también beneficiemos en las que tienen causa incierta (idiopáticas).

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